Aprendizaje Basado en Proyectos: qué dice la evidencia y cómo instalarlo sin que se quede en una capacitación aislada
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- 25 jul
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El Aprendizaje Basado en Proyectos dejó de ser una tendencia pedagógica de nicho para convertirse en una apuesta concreta del Mineduc y en una línea de evidencia creciente en la investigación educativa chilena. Para directores y jefes UTP, la pregunta ya no es si vale la pena, sino cómo instalarlo en la sala de clases sin que termine siendo una capacitación más que nadie vuelve a mencionar.
Todo director o jefe UTP conoce la escena: un docente motivado vuelve de una capacitación con ganas de cambiar su forma de enseñar, y dos meses después la planificación volvió a la guía de ejercicios y la prueba de papel y lápiz. No es falta de voluntad. Es que instalar una metodología activa como el Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP) exige algo que rara vez se planifica: tiempo protegido, acompañamiento y una decisión de gestión pedagógica, no solo una buena intención individual. Mientras tanto, la desmotivación de los estudiantes frente a la clase expositiva sigue siendo uno de los problemas que más mencionan los equipos directivos en las reuniones de UTP, junto con la presión por sostener resultados en un sistema que todavía mide casi todo con pruebas estandarizadas.
Qué es el ABP y por qué el Mineduc lo está impulsando justo ahora
El Aprendizaje Basado en Proyectos propone que los estudiantes construyan conocimiento resolviendo un problema o desarrollando un producto real, en vez de recibir contenido de forma expositiva y luego aplicarlo en ejercicios aislados. No es una novedad teórica, pero sí es una prioridad de política pública actual: el Centro de Perfeccionamiento, Experimentación e Investigaciones Pedagógicas (CPEIP) del Mineduc ofrece durante 2025 un curso e-learning de 40 horas dirigido a docentes de 7° básico a 4° medio de todas las asignaturas, orientado específicamente a desarrollar competencias para diseñar experiencias de aprendizaje basadas en proyectos. Que el ministerio destine formación continua transversal —no acotada a una sola asignatura— a esta metodología es una señal clara de hacia dónde se está moviendo la política de desarrollo profesional docente en Chile.
Para un jefe UTP, esto abre una oportunidad concreta: postular a docentes a esta oferta formativa no como una capacitación aislada, sino como parte de un plan de instalación curricular con seguimiento posterior en el aula.
Lo que dice la evidencia chilena sobre el ABP
Más allá de la intuición pedagógica, hay evidencia nacional que respalda el enfoque. Un estudio de investigadores de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, publicado en la Revista de Estudios y Experiencias en Educación (REXE), trabajó con 164 estudiantes de trece establecimientos de enseñanza humanista-científica, técnico-profesional y polivalente adscritos al Programa PACE. Los resultados muestran que el ABP permitió fortalecer habilidades transversales —comunicación, trabajo colaborativo y pensamiento crítico— en gran parte de los estudiantes, con un hallazgo especialmente relevante para la gestión pedagógica: el mayor impacto se concentró en los estudiantes que partían bajo el promedio del curso, quienes lograron subir a niveles más altos de desarrollo. El pensamiento crítico fue la habilidad donde se observó el mayor avance.
Este dato importa porque responde a una de las dudas más frecuentes de los equipos directivos frente a las metodologías activas: si funcionan igual para todos o solo para los estudiantes que ya venían bien. La evidencia sugiere que el ABP puede ser, además, una herramienta de equidad dentro del aula.
El telón de fondo: qué muestran los resultados Simce 2025
Los resultados del Simce 2025, dados a conocer por el Mineduc y la Agencia de Calidad de la Educación en marzo de 2026, muestran que el sistema escolar chileno está entrando en una etapa de estabilización de los aprendizajes, después de la fuerte caída de 2022 y la recuperación registrada en 2023 y 2024. La aplicación tuvo una participación alta —98,3% en 4° básico, 98,8% en 8° básico y 98,3% en 2° medio—, lo que le da representatividad al diagnóstico.
Pero un dato de los cuestionarios complementarios debería llamar la atención de cualquier equipo directivo: 48% de los estudiantes de 4° básico declara tener dificultad para concentrarse durante las pruebas porque se pone muy nervioso, y 58% de los estudiantes de 2° medio dice temer que las evaluaciones sean demasiado difíciles. Es decir, junto con la estabilización de los puntajes, persiste un problema de ansiedad evaluativa que no se resuelve solo con más ensayos de prueba estandarizada. El ABP, al evaluar procesos y productos a lo largo del tiempo en vez de concentrar todo en un instrumento puntual, ofrece una vía complementaria de evaluación auténtica que puede aliviar parte de esa presión, sin renunciar al rigor.
Cómo instalar el ABP sin que se quede en el papel
La diferencia entre una capacitación que se diluye y una metodología que se instala está casi siempre en la gestión, no en el contenido del curso. Algunas condiciones que los equipos directivos y jefaturas UTP pueden controlar directamente: primero, elegir una sola asignatura o nivel para el piloto del primer semestre, en vez de intentar instalar ABP en todo el colegio a la vez. Segundo, proteger tiempo real de planificación colaborativa en el calendario escolar —el ABP exige diseño conjunto entre docentes, y ese tiempo compite siempre con otras urgencias administrativas—. Tercero, definir desde el inicio cómo se va a evaluar el proyecto, con rúbricas claras y criterios conocidos por los estudiantes, para que la metodología no se perciba como menos rigurosa que la prueba tradicional. Y cuarto, generar una instancia de observación entre pares o acompañamiento del jefe UTP en aula durante las primeras semanas de implementación, porque es en ese período donde los docentes suelen volver a los formatos conocidos ante la primera dificultad.
Ninguna de estas condiciones depende de más presupuesto. Dependen de decisiones de gestión que UTP y dirección pueden tomar esta misma semana, y que son las que finalmente determinan si el ABP se convierte en una práctica instalada o en un recuerdo de la capacitación de 2025.
Por: Equipo ConnectATE





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